Juan para que me entiendas Pedro

 

En San Quintín, Baja California, la presidenta Claudia Sheinbaum emitió una reprimenda contundente, sin necesidad de elevar el tono de voz.  Tras la presentación del Plan de Justicia para San Quintín, la titular del ejecutivo se dirigió al corral donde se encontraban confinados legisladores locales y federales, quienes aguardaban su saludo y la oportunidad de tomarse una fotografía. Con una frase lapidaria, que resonó con fuerza, les exhortó: “Todos ustedes, a trabajar más con la gente; dejar de estar allá y estar en el territorio.” 

Parafraseando al ex vocero presidencial Rubén Aguilar, “lo que quizo decir”, enfatiza la necesidad de poner en primer lugar la interacción directa con la ciudadanía sobre la mera presencia en eventos formales. El regaño presidencial generó incomodidad entre los legisladores, muchos de los cuales se sintieron personalmente aludidos.

Y como no, la presidenta Sheinbaum tocó una fibra sensible del oficio político contemporáneo: la tendencia a confundir la presencia pública con la verdadera pertenencia a la comunidad.  Estar presente en un evento, en una fotografía o en una transmisión no equivale a estar verdaderamente con la gente. La reprimenda de la presidenta no se debió a la solicitud de una selfie en sí, sino a la distancia que hay entre los funcionarios y la ciudadanía, una brecha que se amplía cuando el cargo se convierte en un escenario y el territorio, en simple utilería.

A lo largo de la historia, numerosos líderes han comprendido la importancia de la humildad y la conexión con la ciudadanía. El ex presidente López Obrador es reconocido en la historia moderna de México como el político que mas territorio ha recorrido para supervisar obras y visitar comunidades, bajo su política de territorio sobre escritorio. Estrategia que le fue altamente exitosa al tener el conocimiento directo de las necesidades locales en los 32 estados de la república.

Así también, sería pertinente considerar las palabras del ingeniero Cárdenas, cuyas credenciales de izquierda son innegables: “En estos días se manifiestan discrepancias y críticas muy fuertes hacia el gobierno, pero se manifiestan también inquietudes válidas, y ahí es donde a mí me preocupa mucho que no haya diálogo. No hay diálogo y no se discuten las cosas, no se discuten los problemas. A mí me preocupa que no nos sentemos con el que tengamos diferencias”. La ausencia de diálogo limita el alcance de cualquier territorio. Gobernar implica escuchar, fomentar un diálogo genuino que trascienda los monólogos institucionales, un diálogo abierto, de aquellos que no se capturan en una fotografía, pero que sostienen la política cuando se apagan los micrófonos. 

La manifestación de enojo presidencial tuvo un carácter pedagógico. No humilló; alineó. No solicitó aplausos; solicitó trabajo. La alusión fue para todos quienes tienen la obligación moral de servir al pueblo, “te lo digo Juan para que me entiendas Pedro”.

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Last modified on Domingo, 01 Febrero 2026 21:42