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La reciente visita de Luisa María Alcalde Luján, presidenta nacional de Morena, a Pachuca, el pasado 22 de agosto, no fue un evento aislado en el calendario partidista. En un contexto de tensiones internas y reacomodos postelectorales, su presencia en la capital hidalguense sirvió como plataforma para enviar un mensaje claro y multifacético: la unidad es imperativa, el trabajo territorial es la prioridad, y el control de las decisiones clave —incluidas las candidaturas rumbo a 2027— quedará en manos de la dirigencia alineada con la nueva era de Claudia Sheinbaum.
Solo unos días antes se recibió la visita de Mario Delgado ex dirigente de Morena y su visita parece obedecer a motivaciones estratégicas más allá de lo educativo. La dinámica de ambas visitas refleja las tensiones y reacomodos del morena post AMLO: mientras Alcalde consolida un control “Claudista” sobre candidaturas y estructuras estatales, Delgado (aún influyente operador) podría estar maniobrando para hilar la madeja.
La gira, que evoca las estrategias de consolidación del movimiento, revela no solo un llamado a la disciplina interna, sino también una sutil advertencia a facciones disidentes que aún orbitan alrededor de figuras como Andrés Manuel López Beltrán (Andy) y sus aliados.
Durante su estancia en Pachuca, Alcalde enfatizó la creación de más de 1,858 comités seccionales en defensa de la Transformación, un esfuerzo nacional que en Hidalgo busca integrar a senadores, legisladores locales, regidores y liderazgos municipales como mentores para fortalecer la presencia territorial. “El proyecto de Morena está por encima de las aspiraciones personales”, declaró, en un claro guiño a las fricciones locales, como las protagonizadas por los senadores Simey Olvera y Cuauhtémoc Ochoa. Insistió en el respeto a los estatutos partidistas, la evaluación de nuevos miembros para garantizar su alineación con los principios de la Cuarta Transformación (4T), y el uso de encuestas como método transparente para seleccionar candidatos —aunque sin obligatoriedad de publicar resultados, lo que deja margen para maniobras centrales. Este enfoque en la base militante, con asambleas semanales hasta enero de 2026, no es casual: Morena reporta ya 182 mil afiliados en Hidalgo, superando el 63% de su meta estatal.
El mensaje político subyacente es de doble filo. Por un lado, promueve la inclusión de “nuevos liderazgos comprometidos”, abriendo la puerta a aspirantes que levanten la mano, pero siempre bajo el paraguas de la unidad y el trabajo “abajo, en el territorio”. Esto resuena con el llamado que Alcalde hizo en Guerrero días antes, donde priorizó la formación de comités seccionales como prerrequisito para cualquier ambición electoral. Sin embargo, en Hidalgo, la visita destapó grietas: la ausencia notoria de las bases fundadoras del movimiento —aquellos militantes de izquierda que construyeron Morena desde sus orígenes— generó críticas en redes sociales.
Alcalde, busca precisamente sofocar estas tensiones para evitar fisuras que debiliten la estrategia electoral en un estado clave como Hidalgo, donde Morena gobierna desde 2022 con Julio Menchaca quien cuenta con números históricos de aceptación ciudadana y que enfrentará renovaciones en la Cámara de Diputados y cargos locales en 2027. Morena gobernaba no más de 10 municipios; hoy
gobierna 52 de los 83 municipios del estado.
El mensaje de Alcalde fue claro, "En Hidalgo tenemos jefe político". A los aspirantes les recordaron que si quieren ganar el cielo tienen que mirar a Dios.
Pero el verdadero peso del mensaje trasciende lo local y se ancla en el panorama nacional. La dirigente morenista ha confirmado la ampliación de los mandatos de las 32 dirigencias estatales hasta 2027, una movida que asegura su influencia sobre las 17 candidaturas a gubernaturas en estados como Guerrero, Chihuahua o Nuevo León —aunque Hidalgo no renueva ejecutivo estatal hasta 2028, el control central impacta en sus dinámicas internas. Esta decisión, sumada a su rol en la coordinación parlamentaria del Senado, marca el repliegue de Andy López Beltrán, cuya ausencia en la organización de comités es notoria pese a su cargo como Secretario de Organización.
Los compromisos heredados de la era AMLO, con figuras como Adán Augusto López o Ricardo Monreal, se diluyen en favor de una dirigencia “claudista al 100%”, como se describe en círculos morenistas. En Hidalgo, esto se traduce en un llamado a la disciplina que apunta directamente a grupos locales alineados con esas facciones, recordándoles que las candidaturas no se ganan por lealtades pasadas, sino por alineación con la nueva cúpula.
Los destinatarios de este mensaje son variados y estratégicos. A la militancia base en Hidalgo, Alcalde les ofrece un rol activo en los comités, pero con la advertencia implícita de que la inclusión depende de su lealtad al proyecto nacional. A los aspirantes locales —desde regidores hasta legisladores como Cuauhtémoc Ochoa o Simey Olvera—, les recuerda que levantar la mano es válido, pero solo si se traduce en trabajo territorial y no en divisiones. Más allá del estado, el destinatario principal parece ser el ala “amlovista” residual: Andy y sus aliados en el Senado y la Cámara, quienes ven menguar su influencia mientras Alcalde crece como operadora clave de Sheinbaum. Incluso opositores externos, como PRI o PAN en Hidalgo, reciben una señal de fortaleza: Morena se reorganiza para dominar las intermedias de 2027, donde la Cámara de Diputados será pivotal.
La visita no fue solo un acto de rutina partidista, sino una declaración de poder en un Morena en transición. En última instancia, la gira de Alcalde por estados como Hidalgo y Guerrero dibuja un Morena post-AMLO: disciplinado, expansivo, pero vulnerable a sus propias contradicciones. El 2027 será la prueba de fuego.
X @David_Tenorio