En 1948, mientras Harry Truman recorría Estados Unidos en tren sabiendo que las encuestas lo daban por vencido. El Chicago Daily Tribune incluso imprimió su portada con el titular “Dewey Defeats Truman” horas antes de que contaran los votos. La historia recordaría esa primera plana donde daban por ganador al republicano Thomas Deway, Harry S. Truman ganó la reelección logrando una de las mayores sorpresas políticas de la historia. En política, contar votos antes de que existan no solo es ridículo: es suicida.
Hidalgo está viviendo su propia versión de ese episodio. Una reunión del secretario de Gobierno, Guillermo Olivares Reyna, con destacadas mujeres del partido Morena, funcionarias y legisladoras, desató un inmediato frenesí especulativo. En las redes sociales circularon análisis de “perfiles viables”, y en los corrillos políticos empezaron a distribuir fichas técnicas de aspirantes como si la elección de 2028 fuera mañana. El gobernador Julio Menchaca aclaro más tarde lo obvio, las reuniones encabezadas por el Secretario de Gobierno no responden a procesos de sucesión o aspiraciones políticas, como se rumoró.
Pero el desmentido llegó tarde. El daño ya estaba hecho. Y el daño no es la especulación en sí, la política vive de eso, sino la malicia de quien sugirio que se revelaban sus cartas cuando todavía faltan más de dos años para que se reparta la baraja.
En Hidalgo, el veto y la sugerencia del sucesor al interior de Morena la tiene el primer político de Hidalgo. No es un secreto, no es una presunción, es un hecho político. Nadie llega a la candidatura sin su visto bueno. Nadie. Y precisamente por eso, quienes se adelantan con “posicionamientos estratégicos”, encuestas en redes sociales, con movimientos proselitistas antes de tiempo, sugiriendo perfiles para la sucesión con la finalidad de fragmentar, no están demostrando músculo político; están demostrando dos cosas: que no entienden cómo funciona el poder real, y que no tienen la suficiente confianza en su relación con el gobernador como para esperar su momento.
El propio Gobernador ya lo dijo con todas sus letras en febrero de este año: exhortó a servidores públicos y actores políticos a frenar el activismo prematuro, instó a los legisladores federales a esperar los tiempos legales, y sostuvo que el Instituto Estatal Electoral de Hidalgo debe revisar el comportamiento de quienes se adelantan a los tiempos electorales. Mensaje claro, directo e inequívoco. Y sin embargo, no entienden que no entienden, persisten algunos actores políticos a jugar a ser candidatos cuando ni siquiera han definido las reglas del partido para las candidaturas de 2028.
La pregunta obvia es: ¿por qué alguien querría quemar sus naves antes de tiempo? Hay dos respuestas posibles. La primera, ingenuidad política: creer que en un partido vertical aunque se diga horizontal como Morena, donde las decisiones se toman arriba y se ratifican abajo, el posicionamiento prematuro genera puntos. No los genera. Los resta. La segunda, es más preocupante, la desesperación de quien sabe que no tiene el respaldo interno y necesita construir un “hecho consumado” mediático para forzar una decisión que de otro modo no llegaría.
Ambas opciones son perdedoras. Porque el Gobernador es un político con trayectoria propia, que llegó a Morena con peso específico, no como tabla de salvación. Es alguien que antes de ser Gobernador fue presidente del Tribunal Superior de Justicia, senador, diputado local, y candidato independiente. No necesita que le expliquen cómo se construye poder ni cómo se administra.
Y aquí está el punto fino, un gobernante con ese perfil no tolera que le muevan el tablero sin permiso. No porque sea autoritario, sino porque entiende que en política el timing lo es todo. Adelantarse no es audacia; es indisciplina. Y en un partido donde la línea entre lo permitido y lo sancionado es delgada, la indisciplina tiene costos.
La reunión con mujeres de Morena pudo haber sido, y probablemente fue exactamente lo que el Gobernador dijo: una coordinación de trabajo político, una articulación de agendas, un ejercicio de gobierno. Pero en el contexto de una clase política ansiosa por asegurar su futuro, cualquier gesto se interpreta como señal. Y esa interpretación apresurada revela más sobre quienes especulan que sobre quienes se reunieron.
Lo que estos aspirantes prematuros no entienden es que en Hidalgo el escenario ya es suficientemente complejo sin necesidad de enredarlo más. La gubernatura de 2028 tiene particularidades que ninguna otra: podría ser de dos años, o de cinco, dependiendo de las reformas que se aprueben para empatar calendarios electorales. Hay propuestas para que sea exclusivamente para mujeres. Y está pendiente de definir si Morena repetirá el método de encuestas abiertas que usó en 2022 o cambiará las reglas del juego.
En ese panorama de incertidumbre institucional, lo único seguro es que quien tenga la confianza del gobernador saldrá adelante, y quien no la tenga, no importa cuántas encuestas de Facebook publique, simplemente no.
Truman ganó porque mientras otros contaban escaños imaginarios, él contaba votos reales. Recorrió el país, habló con la gente, construyó desde abajo. Cuando llegó el día de la elección, los que se habían adelantado terminaron con la portada equivocada en las manos.
En Hidalgo, quienes hoy creen que posicionarse antes de tiempo les dará ventaja, deberían recordar esa lección. En política, como en el póker, mostrar las cartas antes de que te las pidan no es estrategia. Es un error que se paga caro. Y en un estado donde el Gobernador tiene la única y la última palabra, adelantarse sin permiso no es valentía: es la forma más rápida de quedar fuera de la foto.
X @David_Tenorio