En política nadie se hace el ingenuo, no hay sorpresas, solo sorprendidos. Las candidaturas no nacen vírgenes. Se procesan. Y cuando desde la vorágine del poder se recuerda que “en Morena se decide por encuesta”, lo que en realidad se está diciendo es la encuesta existe, pero el contexto lo define la Presidencia.
Recién fuimos testigos cuando el senador Adán Augusto López adelantó una definición en Chihuahua a favor de Andrea Chávez y la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con una frase institucional que, no necesita ser leída con lupa, de que “en Morena se decide con encuesta”, fue un recordatorio claro de autoridad. No desautorizó el juego. Pero dejó claro quién fija las reglas.
Ese matiz es crucial para Hidalgo. Porque si algo ha caracterizado al movimiento en el poder es que la decisión final no es un acto mecánico: es política pura. Y en esa ecuación, la voluntad del ejecutivo estatal y federal, sea en forma de impulso o de veto silencioso, pesan.
El “manifiesto” que no se escribe, pero se entiende es que no siempre hay vetos públicos. Hay señales. Y en Hidalgo esas señales serán determinantes.
La presidenta proyecta tres criterios que inevitablemente influirán. Lealtad al proyecto nacional, Hidalgo no es plaza para experimentos; es un estado estratégico en la consolidación territorial del oficialismo, y la unidad interna.
La Presidencia no apostará por un perfil que fracture al bloque gobernante. Eso significa que, aunque haya competencia femenina real, y la hay, la decisión final pasará por el filtro de Palacio.
Se escucha que las hipotéticas aspirantes serían; la senadora Simey Olvera quien podría representar, la continuidad institucional alineada con el proyecto nacional. Su cercanía con estructuras partidistas la coloca en el radar natural del centro. La magistrada presidenta Rebeca Aladro encarna estabilidad jurídica. Si el mensaje presidencial prioriza orden y consolidación institucional, su perfil es el idóneo. Susana Ángeles ofrece experiencia ejecutiva concreta. Si la prioridad es operación territorial y resultados medibles, su nombre se vuelve competitivo. Y Tania Meza conecta con el discurso ideológico y causas sociales.
Pero aquí está el punto medular, ninguna será candidata si no cruza el umbral de confianza estatal y presidencial. La ecuación incluye ese par de factores ineludibles.
No se necesita “imponer”. Basta con marcar preferencias, enviar señales o establecer límites. En política, el veto no siempre se pronuncia; a veces simplemente se entiende.
Si en Chihuahua el mensaje fue “nadie se adelanta”, en Hidalgo el mensaje será más sutil: nadie fuera de la línea.
Porque no habrá de evaluarse solo la competitividad electoral. Se evalúa la estabilidad política, la gobernabilidad futura y sobre todo la coherencia con el proyecto sexenal.
Y eso coloca la contienda femenina hidalguense en una dimensión más compleja: no se trata solo de quién mide mejor o quién tiene más territorio. Se trata de quién ofrece mayor certidumbre al centro sin perder arraigo local.
Hidalgo tiene cuadros femeninos en Morena suficientes para competir con solvencia. Pero la decisión no será puramente aritmética, será política
Y en esa política, el respaldo o la reserva pasa por plaza Juárez y concluye en Palacio nacional, y no es accesorio: es decisivo. En otras palabras, la candidatura en Hidalgo no se definirá únicamente en los municipios ni en las encuestas.
En este momento, más que buscar aplausos, las aspirantes inteligentes estarán buscando algo más valioso: confianza en Palacio.
X @David_Tenorio